Opinión


09/09/17

Claudio Acebo

  1. Las guerras cántabras

    Lo que en su momento se vendió como un ejemplo de pureza en toda regla buscando al mejor candidato, se ha convertido con el paso de los años en algo evitable, sobre todo viendo las consecuencias que han traído a los partidos políticos que las pusieron en marcha, eso que llamaron ‘primarias’. Tanto PP como PSOE se han metido en un jardín de consecuencias imprevisibles con su ya fraccionado electorado. Ninguna de las opciones está para tirar cohetes porque las diferencias han sido mínimas y en algunos casos exiguas. Por eso, la toma de decisiones debe ser la adecuada respetando la proporción generada en sus respectivos comicios. Este debiera ser el mejor camino para no perder el casi 50% restante de su electorado. Cortar cabezas en demasía suena raro, muy raro desde fuera; sobre todo para simpatizantes y militantes que asisten perplejos en muchos casos, a la toma de decisiones en algunos casos cainitas sin aparente justificación. Nadie ha arrasado, que yo sepa. Actuar de forma contraria es un despropósito y una pataleta que no tiene mayor recorrido que el disgusto inicial de los primeros meses. Revolver, no va más allá. Superado el bache emocional, hay que situarse en la línea recta que no es otra que suplantar a los hombres de tu confianza –para eso has vencido–  por los anteriores; sin guerras, ni disputas. Sabemos que 60.000 €uros es una pasta que para sí quisieran llevarse al bolsillo un montón de los aspirantes a ocupar esas plazas tan generosamente gratificadas en algunos casos por la administración; si además no tienes mejor ocupación que la de político raso, imagínate lo que se puede hacer: “yo ma-to”, que diría la famosa lenguaraz. Pero hay casos donde la destitución es menos entendible e injustificable, teniendo en cuenta la trayectoria profesional intachable –eso creo– independientemente de que seas socialista o no. A penas dos años y medio restan para las nuevas elecciones. Dentro de 365 días empezarán a elaborarse las nuevas listas y ahí si quieres, sí parece lógico completar el equipo de confianza para la siguiente legislatura. Estas purgas a mitad de camino lo único que generan es malestar entre las bases y votantes. Alguien dijo que era hora de restañar heridas en una confrontación sin sentido entre militantes de sus partidarios respectivos. ‘Unidad y unidad’, una frase que queda bien en la tele pero que no tiene contenido cuando se habla de poder, sobre todo si hay una buena nómina detrás. Por eso, los de Ciudadanos se dejaron de estas gaitas tiempo atrás: el que no está en sintonía con el partido se le cesa y a correr, que forme un grupo nuevo si le apetece. Guerras las justas, y que no sean cántabras, por favor.

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