Opinión


12/12/17

Enrique Álvarez

  1. Una venganza española

    Es un hecho innegable que a estas alturas del siglo XXI ya hay una buena cantidad de españoles que no sólo creen en la existencia de nuestra leyenda negra sino que han leído más de un libro donde se exponen sus causas, sus manifestaciones y sus efectos; porque se ha escrito mucho últimamente sobre ella, por hispanistas e investigadores de prestigio. Pero faltaba un libro que tratara el asunto en toda su hondura y su colosal magnitud, que lo tratara con ardor y con furia y, sobre todo, que viniera a demostrar que la leyenda negra no es cosa del pasado sino un fenómeno que pervive en el siglo XXI y que no cesa de hacer daño real a nuestro país, como quedó patente en la crisis financiera iniciada en 2007.

    Ese libro se titula Imperiofobia y Leyenda Negra (Ediciones Siruela) y lo ha escrito la historiadora malagueña María Elvira Roca Barea, partiendo de la premisa de que el Imperio Español (del siglo XVI al siglo XIX) fue una víctima más de la general tendencia a la denigración y al odio que inspiran todos los imperios que en el mundo han sido, con particular análisis del romano y del norteamericano actual. Pero lo importante no es la premisa, que como mera tesis podría parecer hasta banal (si no fuera porque se cuida muy bien de distinguir entre lo que es un imperio verdadero, como lo fue el español, de lo que es una gran potencia con territorios coloniales que explotar). Lo importante es el análisis de los mecanismos concretos que van generando la abominación de España y de los españoles, de cómo se fabrica una imagen deformada e injusta de una nación y de un pueblo, y de cómo esa fábrica se impone, se expande y se muda a lo largo del tiempo para producir siempre idéntico resultado: el desprestigio radical de todo un país con el fin de que otros países, otras potencias, se beneficien de su caída.

    Y ese análisis que hace la profesora Roca Barea evidencia un hecho clave entre todos: el surgimiento de los nacionalismos germánicos en el siglo XVI. Hecho que tiene a su vez un momento crucial, la irrupción del protestantismo, y una palanca maravillosa: la imprenta, la posibilidad de reproducir a gran escala la verdad y la mentira, es decir, la invención de la propaganda. Está claro que dos alemanes, Gutenberg y Lutero, son los padres de la modernidad en Occidente, en cuanto que el poder de la imprenta, de un lado, y el odio fanático al Papa (es decir, a esa pieza básica de la religión de Cristio que es el primado de Pedro) de otro, causaron la ruptura definitiva de la cristiandad, que a su vez engendró la necesidad de combatir a muerte, con los ejércitos pero también con el papel, a la nación que estaba llamada en aquella hora a defenderla: la España de Carlos V.

    La profesora Roca Barea, hija de masones republicanos, se ve en el caso de advertir de entrada a sus lectores que se considera no religiosa, y lo hace para que, desde ese hecho clave que es el protestantismo como principal motor de la hispanofobia universal, nadie suponga de entrada que se enfrenta a un libro más de apología católica. No, no lo es, porque la autora no pretende en ningún momento considerar como algo providencial la innegable vinculación del catolicismo con el papel histórico de España. Lo que pretende es demostrar la falacia de tantas acusaciones a nuestro país que no tuvieron más razón de ser que la necesidad de autojustificarse de aquellos otros países que rompieron nefasta y catastróficamente la unidad cristiana de Europa.

    Pero, comoquiera que la mejor defensa siempre ha sido un buen ataque, el libro de María Elvira no se limita a limpiar nuestra historia de tanta basura como se ha arrojado sobre ella a lo largo de los siglos sino que acumulando una formidable batería de cargos contra nuestros acusadores, la Alemania luterana, los Países Bajos calvinistas, la Inglaterra anglicana, la Francia ilustrada (y lo que vino después, nuestro amado Romanticismo), se venga de ellos de tal forma que nunca se hizo tan cumplido aquel refrán de “ver la viga en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”, porque a medida que uno avanza por sus páginas y va viendo dónde estuvo de verdad la intolerancia y el racismo, tiene la sensación de que la capacidad de tergiversar y de bombardear con calumnias de la Europa del Norte, desde 1517 hasta 2017, alcanza un nivel de hipocresía apabullante.

    Llevo años postulando una historia del pensamiento que no tome la verdad como protagonista sino la mentira. Pues esta obra de la profesora Roca Barea cumple a la perfección ese cometido. Martillo de hispanófobos y de mentirosos con sola ScripturaImperiofobia y Leyenda Negra es un libro que bastaría por sí solo para devolver la autoestima general a nuestro país si su éxito no fuera, como me temo, flor de un día. Es un libro tan extraordinario, tan esclarecedor, que él sólo podría hacer más bien a España y a su cultura que todas las novelas de Alatriste y de los cien mil narradores historicidas que nos invaden por todas las esquinas de la Península.

    Pero es un libro pesimista. Porque lo peor de la Leyenda Negra española no es que sea tan negra y duradera sino que prende cada día más en las cabezas de los nuevos intelectuales y sobre todo de los nuevos españolitos, que son vilmente aleccionados sin remedio en los tópicos falsos y despreciativos de su propia historia. Porque, a fin de cuentas, las raíces de la mentira siguen ahí, y porque, aunque la autora no lo afirma (quiza no lo sabe) y el prologuista del libro (Arcadi Espada) lo niega expresamente, el imperio español no fue un imperio más. Sólo así que cabe explicarse que su denigración siga tan viva dos siglos después de muerto.

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