Opinión


10/04/15

Tomás Amparán

  1. Cincuenta Sombras del Candy

    Generalmente dicen que casi nunca una película es mejor que el libro en el que se basa. Podríamos poner cientos de ejemplos de libros llevados a la gran pantalla y que han resultado un verdadero fiasco. Normalmente la imaginación es siempre superior a las imágenes, quizás porque la imaginación es infinita y en el cine todo depende de la tecnología, y como sabemos, por mucho que se avance, la tecnología es lo que es. Cuando te pones delante de un libro, es tu imaginación la que pone imágenes en tu cabeza y no necesitas de nadie que lo haga por ti. Cuando ves una película todo se basa en lo que el director haya querido interpretar, pero es eso, su propia interpretación.

    Hace unos días estrenaron una película basada en un best seller mundial, y aunque no tengo ninguna intención de hablar ni de la película ni del libro, no me queda más remedio que escribir ciertas líneas al respecto. No se preocupen porque no voy a contar nada, no quiero destripar la historia, pero no me resisto a hacer algunas referencias. Al igual que decía un poco más arriba, el libro siempre es mejor y mi consejo es que antes de pagar por ir al cine, compren el libro y disfruten de su imaginación, no se dejen guiar por la particular visión que alguien hace de la historia, déjense llevar por las líneas y no por las imágenes. Pero es sólo un consejo y una opinión muy particular, ustedes hagan lo que quieran.

    Este artículo, en honor a la actualidad, debía haberlo publicado hace ya unos días, pero a veces las reflexiones se hacen mejor en frío que en caliente. En el último Debate sobre el Estado de la Nación ha pasado algo que me ha hecho reflexionar mucho. Perdónenme, pero no hay nada más obsceno que la política, al menos esta política que nos ha tocado vivir, o al menos los actores que la protagonizan. Está claro que este país es diferente, por eso mismo hemos tenido que impulsar una marca España. No podíamos permitirnos el lujo de dejar pasar algo que nos puede reportar muchos beneficios en el mundo. Y es que ver a la Presidenta en funciones del Congreso de los Diputados jugar al Candy Crush, o algún juego similar, cuando está presidiendo el Debate más importante de la legislatura denota varias cosas que no me resisto a enumerar. Por una parte muestra perfectamente la obscenidad de la política. Discúlpenme, no hay nada erótico en Celia Villalobos, mi imaginación, aunque haya dicho que es infinita, realmente no da para tanto. Pero me parece obsceno hacer lo que ha hecho esta honorable mujer, quizás repulsivo, porque lo que Grey y Anastasia hagan en la intimidad del “cuarto rojo” solo a ellos los incumbe, a ellos y a cuantos lean sus aventuras eróticas. Pero lo que ha hecho la señora Villalobos es llevarnos a todos a ese cuarto rojo para sodomizarnos, hacernos unos sumisos y volver a decirnos a la cara que la política, el estado y muchos de sus representantes nos tratan como objetos para satisfacer sus deseos más morbosos. No hay ninguna diferencia entre Grey y nuestros políticos, los dos gozan con lo que hacen y tratan a las persona como meros objetos de placer, pero si hay diferencia entre Anastasia y nosotros, los ciudadanos. A ella la gustaba esa sumisión, a nosotros no. Celia, a nosotros no nos gusta. Y tampoco nos gusta que se lleve 14 mensualidades de 7.565€ al mes por no hacer tu trabajo.

    Pero no se queda ahí, lo que nos demuestra esta buena señora es que el Congreso de los Diputados es similar a unos recreativos, donde van a pasar el rato y jugar un poco. Y sí estoy generalizando, y lo estoy haciendo a propósito para que todos esos políticos que se sientan en los escaños de cualquier parlamento me puedan criticar por estas palabras. Y estoy generalizando porque el que calla otorga y nuestros políticos han callado y otorgado tantas veces que quiero generalizar. Porque a día de hoy esta señora sigue en su puesto sin que nadie de sus compañeros haya hecho nada por echarla de ahí. Y echarla es mandarla a su casa, no recolocarla (algo muy típico de esa Marca España), es largarla a su casa. Si creen que puede seguir un minuto más en cualquier cargo público después de lo que hizo, entonces dejen de leer esto porque ya están sodomizados por nuestros políticos. Lo bueno de publicar hoy este articulo y no hace un mes, es que tenemos la perspectiva de que nada cambia y todo sigue igual

    ¿Quieren más? Nuestra querida Celia demuestra con sus actos lo que muchos piensan del Presidente del Gobierno. Que para lo que tiene que decir es mucho más entretenido jugar al Candy, que para las palabras sin fondo que ni ella misma se cree a pesar de pertenecer a su mismo partido, es mejor pasar el rato jugando. Como podemos respetar a un Presidente cuando ni su propia compañera de partido, mientras habla desde la Tribuna dirigiéndose a todos los representantes elegidos por nosotros, prefiere pasarse las pantallas del Candy antes que escuchar atentamente las palabras del Presidente. ¿Se imaginan por un momento al Presidente del Congreso de Estados Unidos jugando al Candy mientras el Presidente Obama se dirige a los Congresistas en el Discurso del Estado de la Unión? No se lo pueden imaginar, ¿cierto? Pues eso mismo, vuelvo a contradecirme diciendo que la imaginación es infinita.

    Que quieren que les diga, podría hacer más sangre de todo esto, pero es igual. Han conseguido hacernos tan sumisos que nos han quitado las ganas hasta de quejarnos. Celia sigue ahí, seguramente irá en las listas y volverá a ocupar un escaño para poder seguir pasando pantallas del Candy otros 4 años jugando en la Tablet que el Congreso la habrá dado y que pagamos todos. Así estamos, hablando de obscenidades en vez de comentar los problemas reales del país.