Opinión


06/10/14

Tomás Amparán

  1. Un trozo de España

    Este verano las ruedas de mi coche me han vuelto a llevar a dos lugares maravillosos de los que estoy profundamente enamorado por muchas razones. Uno de ellos es la región del Languedoc francés y el otro la maravillosa ciudad de Barcelona. Aparentemente no tiene nada en común, pero si analizamos un poco con detenimiento la historia, se sorprenderían de las muchas cosas en común que tiene ambos lugares. Toda esa zona francesa del norte de los Pirineos fue conquistada, al igual que el territorio español por los Visigodos antes de que casi todo el territorio cayera en manos de los musulmanes allá por el 719. Como todos sabrán los Musulmanes ocuparon gran parte de la Península hasta su derrota definitiva con los reyes católicos, hablamos de unos 700 años, y quédense con esto porque me parece un dato significativo para entender ciertas cosas que están pasando en el mundo estos días.

    Andaban por ahí los Visigodos y los árabes cuando Carlomagno se propuso conquistar todos esos territorios y crear el germen de un país naciente convirtiéndose en Rey de los Francos. El gran Emperador de Occidente no se quedaría ahí, mientras los visigodos estaban más fuera que dentro, y los árabes más dentro que fuera, Carlomagno impuso su ley y conquistó tierras más al sur de los Pirineos llegando al Condado de Barcelona, un lugar que nunca había sido independiente, cabe recordar que el primer conde de Barcelona dependería totalmente del Rey de los Francos. Ya en aquella época los Condes de la ciudad querían caminar solo y se alejaron de los Reyes Francos, y más cuando estos les dejaron “colgados” ante el avance de Almanzor. Pocos años duró esa pequeña independencia, lo que tardó la dinastía carolingia en ser sustituida por la Capeta, poco antes de que el Condado entrara a formar parte en los albores del primer milenio a la Corona de Aragón. Una dependencia que nunca abandonarían. 

    Me dirán que es lo que sucede con los territorios del sur de Francia, y que tienen éstos que ver con Barcelona, pues mucho. Casi al mismo tiempo que el Condado de Barcelona y los territorios de la actual Cataluña entran a formar parte de la Corona de Aragón, ésta se expande al norte para anexionar territorios de la actual Francia. Entre ellos la región del Languedoc. Occitania nunca se mantuvo independiente, siempre requerida por el invasor de turno, por allí se asentaron desde los romanos, pasando por los pueblos bárbaros del norte, los visigodos del sur y los Musulmanes, pero ninguno fue lo suficientemente listo como para poder quedarse. Sus gentes eran montañeses que consiguieron dominar un territorio fértil y agreste y así en la Edad Media, gracias a la herencia latina y celta, se convirtió en una región culta, con una lengua propia, hervidero de trovadores y “Buenos Hombres”. Quizás por eso, los caballeros del norte de Francia vieron la oportunidad de comenzar una conquista de unos territorios, que nunca habían sido suyos, pero que anhelaban por las riquezas que sus tierras poseían. De formar parte de la Corona de Aragón, pasaron a ser conquistados por una Iglesia poco piadosa e inmoral y unos caballeros norteños sádicos y cobardes, que bajo la bandera con la Cruz en nombre de un Dios injusto hecho a medida del hombre, invadieron, saquearon, robaron y ultrajaron a esas gentes del actual sur de Francia.

    No pretendo dar una clase de historia, pero para hacer el futuro es muy importante recordar el pasado. Cataluña nunca ha sido una nación, durante la Edad Media fue un condado que iba de mano en mano, al igual que aquel otro de Carcasona. La diferencia es que uno ha sabido mantener en este presente sus raices sin renunciar a su identidad y la otra se ha inventado una identidad en base a unas raíces falsas alimentadas por el ego de muchos políticos, que sólo pensaban en enriquecerse a costa de un país que siempre se sintió orgulloso de esa tierra. Nunca una comunidad ha tenido tantas competencias como las que hoy tiene Cataluña. Si en Escocia tuvieran las mismas, nadie hubiera movido un dedo para convocar un referendum de independencia, aun teniendo en cuenta que ésta durante muchos siglos si que fue una nación independiente.

    La historia es caprichosa a veces y si investigamos y nos preocupamos por saber y conocer, nos muestra un mundo apasionante. No hace falta volver a reescribir una historia que ya está escrita. Teniendo claro esto podremos utilizar nuestro tiempo en solucionar problemas realmente importantes para el día a día de la gente.