
[25-05-2010]
No se habla de otra cosa y no es para menos. Más de 44.000 parados en Cantabria y casi 4.600.000 en toda España. La situación es muy dolorosa para el país en su conjunto, pero sobremanera para miles de familias que se encuentran en una situación dramática y que no encuentran consuelo en las alentadoras consignas de un gobierno que va tomando medidas a salto de mata (para unos necesarias y buenas, y para otros, improvisadas e ineficaces). El caso es que la situación empieza a ser de emergencia. El PIB sigue trimestre a trimestre en recesión y las medidas para salir de la crisis no le hacen frenar. Son ya siete trimestres seguidos inmersos en una innegable recesión económica que durante el pasado año ha hecho caer el PIB 3,6 puntos. Eso es un dato horrible para la economía de cualquier país.
La situación es la que es, y ya nadie se atreve a negarlo. Ni siquiera el megaoptimista Zapatero, que al principio no vio crisis sino desaceleración, y que ahora nos anima (lo haría cualquier presidente) a confiar en que estamos saliendo de ella porque la recesión se está desacelerando. También es verdad, (al César lo que es del César), que este gobierno apostó, antes del terrible recorte de hace unos días, por medidas sociales que iban destinadas a paliar la precaria situación de los parados.
El caso es que entre los socialistas que se esfuerzan por pintarnos un país saliendo lentamente de la crisis, y los populares haciendo catastrofismo mayúsculo, planteando situaciones de emergencia y pidiendo elecciones anticipadas, los españoles vemos que, una vez más, toda situación de crisis recae en las espaldas de los de siempre: los trabajadores. Porque, ¿se acuerdan ustedes de lo que ocurrió con las mil millonarias deudas de la Banca de hace un par de años? Se las sufragamos entre todos. Es decir, ellos privatizaron las ganancias y nosotros socializamos sus pérdidas. Es inmoral e indecente que en los tiempos que corren, los Bancos sigan contando sus ganancias por miles de millones, a la vez que hunden a trabajadores autónomos y pequeñas empresas al negarles crédito.
Les aseguro que estoy más atento que nunca a las medidas que el Partido Popular (según dicen las encuestas, nuestros próximos gobernantes) nos anuncia día a día. Insisten en algo parecido al despido libre y en la reducción de impuestos. Y luego no se ruborizan cuando en las Comunidades que ellos gobiernan piden más recursos para la financiación autonómica, al tiempo que critican el déficit al que nos ha llevado este gobierno. Más cinismo imposible.
Y en medio de todo este panorama el Rey entrò en acción, pidiendo un pacto para salir de la crisis, convirtiéndose en protagonista político al entrevistarse, antes de su operación, con empresarios y sindicatos enarbolando la bandera de la austeridad y del esfuerzo común. Pues que quieren que les diga. Serían reflexiones sensatas si no tuvieran detrás unas cuentas propias que ruborizan y sonrojan al propio Peñafiel, máximo adalid de la monarquía española: nueve millones de euros al año para gastos de desempeño del cargo y siete millones más para gastos generales de la Casa Real. Dieciséis millones de euros anuales en el programa 911Q de los Presupuestos Generales del Estado denominado “Apoyo a la gestión administrativa de la Jefatura del Estado”. Desde luego la crisis no afecta a todos por igual. Me voy a ahorrar comentarios. Me pongo enfermo.