Opinión


23/09/15

Tomás Amparán

  1. Junts pel Sí

    Había un Presidente del gobierno que hablaba catalán en la intimidad, me imagino que el que está ahora siendo incapaz de hablar inglés, lo del catalán como que menos. Además su peculiar forma de afrontar el “tema catalán” hace que cualquier cosa que venga de ese lado de la península le produzca ciertas pesadillas. Este fin de semana por fin se celebran las elecciones catalanas. No les niego que tengo ganas de saber que va a pasar, y aunque para eso habrá que esperar al domingo yo me voy a aventurar en estas líneas a predecir un resultado, y aunque nunca me gusta jugar a adivino, la ocasión lo merece. Además en este caso concreto mi pronóstico coincide con lo que me apetece.

    Podría ponerlo en castellano, pero me gusta más como suena el catalán, Junts pel Sí va a sacar mayoría absoluta y van a gobernar sin pactos. A ver si me entienden, que me apetezca saber lo que va a pasar no significa que me importe lo más mínimo el resultado que se vaya a dar. Yo vivo en Cantabria y no tengo ninguna relación ni personal, ni profesional con Cataluña, por lo tanto lo que ocurra allí me da bastante igual. Yo el lunes por la mañana cuando la mayoría absoluta esté confirmada, y todos los votantes independentistas estén mamados hasta las trancas celebrando su épico triunfo, iré a trabajar como hago todos los días. Me imagino que Cantabria siga siendo España a esas horas de la mañana, que es lo que más me podría preocupar.

    No quiero que me entiendan mal, me encanta Cataluña, he vivido allí y tengo un cariño muy especial a sus gentes y sus costumbres. Quizás por eso me atrevo a decir estas cosas, para muchos seré un indeseable y para otros, alguien que no tiene ni idea de nada. Pero que quieren que les diga me apetece vivir una noche electoral mirando con media sonrisa lo que ocurre en la Plaça de Sant Jaume llena de esteladas y gritos eufóricos a favor de una Cataluña libre e independiente. Y media sonrisa mirando al resto de España, y buscando los rostros desencajados de tanto político inepto e irresponsable. Es verdad, en un principio a todos nos va a costar mirar el telediario y ver como Oriol Junqueras y Artur Mas se descojona de todo el mundo mientras escuchan a la multitud gritar a Raul Romeva “President, President”. Me imagino a Carmen Forcadell y Muriel Casals gritando entre sollozos y diciendo: “després d'això els paisos catalans”. Observar la estampa de políticos que han metido tantas horas y han gastado tanto dinero del erario público para conseguir esto, gritar “español el que no bote” (esto lo dirían en castellano para que en Madrid lo entendieran bien). Ya digo que al principio sería chocante, pero créanme, la felicidad es contagiosa, y al cabo de un rato todos estaríamos encantados viendo la alegría de tanto catalán oprimido por el yugo nacionalista español.

    En el otro lado de la moneda estarían cabizbajos los políticos nacionales, evidentemente de todos estos esperpentos no tendríamos imágenes, pero la imaginación es infinita y podríamos imaginarlos con la cabeza baja hablando con sus asesores preguntándose cómo se ha llegado a esta situación. Me imagino a los Ministros de turno empezar a llamar a tribunales varios para ver como declarar las elecciones ilegales, a otros hablando con las fuerzas armadas para ver de que manera se podría invadir Cataluña sin que la Comunidad internacional se nos echara encima. A otros haciendo las maletas sabiendo que su tiempo en política ha pasado. Y al Rey, me imagino a Felipe VI sentado en el salón de Palacio, con sus asesores personales viendo todo aquello y el teléfono sin dejar de sonar. Pensando para sus adentros en ese lenguaje juvenil que sólo utiliza cuando piensa para si mismo: “en menudo marrón me has dejado Juan Carlos, en menudo marrón”.

    Pero después de toda esta oda a la felicidad de un pueblo que ha hablado en las urnas, como muchos les dijeron que tenían que hacer. Después de haber logrado que una amplia mayoría esté a favor de la independencia, viene lo mejor de todo. Y ahora que… Y miren, es por esto mismo por lo que quiero que saquen mayoría absoluta, no que ganen las elecciones y se queden a las puertas, no. Que obtengan mayoría absoluta y puedan decidir su futuro porque así lo ha pedido el pueblo. Me apetece mucho el que se sienten en una gran mesa después de la resaca unos frente a otros y alguien diga: “Y ahora que…”, y me gustaría ver las miradas. Porque desear algo es bonito pero conseguir ese deseo puede ser la mayor desgracia. Quien va a ser el guapo que va a decir que es inviable la independencia en las circunstancias socio económicas que se están viviendo. Quien va a ser el guapo que va a salir a la palestra diciendo que cualquier cosa que no sea formar parte de España a nivel europeo y mundial es absolutamente imposible. Pero mientras todo eso ocurre y políticos egoístas deciden su futuro en una Cataluña dentro de España sabiendo que ahora tienen que engañar a sus votantes. Mientras todo eso ocurre, habrá políticos en Madrid que estén enfangados por no haber sabido manejar esta situación. Políticos que deberían irse en el primer minuto por el ridículo que han hecho a la hora de gestionar un problema real, que ha existido desde el inicio de la democracia y que ha llegado aquí por la obsesión compulsiva del enfrentamiento y la falta de diálogo. Todos esos pseudo políticos que están haciendo sufrir gratuitamente a miles de conciudadanos deben reflexionar y admitir en público sus errores. Yo no quiero una Cataluña independiente, pero en este país sólo aprendemos a base de tortas, y me apetece mucho que nos den una lección. A unos para demostrarles que la realidad no es la que ellos desean ni la que se inventan, que es otra. Y a otros para hacerles entender que las cosas no se arreglan con el enfrentamiento y la falta de diálogo. Y quizás así, rompiéndose el globo, todo seamos capaces de despertar y ver la realidad.