Opinión


19/06/19

Javier Domenech

  1. Apuestas al límite

    Se está jugando una partida política donde, como en el póker o en el mus, se admiten los faroles. Todos saben que nadie tiene la escalera de color, nadie suma 31, con dobles parejas y forzando la grande,  pero todos   aspiran en que  sus cartas superen las de los demás jugadores.

    Uno de ellos es Vox. Ciudadanos actúa mirando hacia otro lado, pretendiendo ignorarle, cuando no le queda más remedio que aceptar su presencia, salvo  que a última hora, decida dar por terminada la partida y aliarse con quien siempre dijo que nunca pactaría. Parecen quedar lejos la presencia de Rivera en Alsasua y otros pueblos de País Vasco, defendiendo la unidad de España, en los mismos lugares donde el líder de Vox, Santiago Abascal vivió toda su vida con vigilancia policial para salvar su vida o donde Ortega Lara permaneció más de un año encerrado en un zulo para dejarle morir de hambre. Pero estas  victimas del terror, hoy son despreciadas por el hecho de pertenecer a Vox.

    La defensa de la unidad de España y la lucha contra los nacionalismos ha sido la bandera con la que Ciudadanos ha  alcanzado sus éxitos actuales, pero no admiten el diálogo con Vox, cuya esencia es la misma, amenazando con romper cualquier tipo de negociación que les incluya y  llegar a un entendimiento con el PSOE si este se compromete a marginar a su propio líder o con el  PP si dialoga con Vox. Unas exigencias desmesuradas cuando lo que se está jugando no es solo la esencia de España, sino una situación económica y una estabilidad política, por la que todos claman, tras más de un año de elecciones repetidas.

    Para formar gobierno, Vox, está estigmatizada como un partido  de extrema derecha, por cuestionar la estructura autonómica del  Estado y por unas pintorescas declaraciones  que aunque  mil veces matizadas, le sigue manteniendo  en la marginalidad. Pero se admite como interlocutor y como plenamente democrático a Podemos, un partido que sin ningún disimulo cuestiona la Constitución, defiende la instauración de una República y presenta unos planteamientos de extrema izquierda tanto en lo social como en lo económico, sin provocar por ello su rechazo. ¿Porqué es lícito formar pactos con inclusión de Bildu, los herederos de ETA, que buscan  la independencia del País Vasco, o la desaparición de Navarra en tanto que Vox, que nunca  empleó la fuerza sea el vecino apestado del que todos huyen?.

    Lo que distancia la ideología de Ciudadanos del PP, es tan pequeña que solo se explicaría por personalismos. El Partido Popular  culpa a Ciudadanos como principal responsable de la división del voto que le otorgaba el poder y estos a los populares de no haber sido capaces de frenar el avance nacionalista, mientras clamaban por  una renovación de la clase política. Pero ni el PSOE ni el PP actuales son los existentes hace dos años. El socialismo de Pedro Sánchez se ha mostrado, en muchas ocasiones  comprensivo con el nacionalismo y con los partidos que cuestionan la esencia de España. Y el PP se ha desprendido de todos sus viejos líderes, salvo el barón gallego, que nunca se sabe si  sube o baja la escalera, y  que pontifica desde Galicia , donde hace la misma política educativa  que critica en Cataluña.

    Si Ciudadanos está jugando de farol o permanece enrocado en esa posición, arriesga mucho en una  partida  donde todos los jugadores están legitimados por las urnas,  corriendo el riesgo de perder el envite  y que sus votantes no lleguen a comprender el empeño en mantener su apuesta, lo que podría  acabar con un nuevo pacto de los socialistas con aquellos grupos nacionalistas o su alianza con los  viejos discípulos del marxismo-leninismo que dejó millones de muertos y miseria siempre que llegó al poder.