Opinión


16/10/20

Javier Domenech

  1. Bide, KO

    Las noticias sobre el reciente primer debate entre los candidatos a la Presidencia americana  el republicano Trump y el aspirante demócrata Biden nos informan de un desagradable enfrentamiento, lleno de insultos, gestos desafiantes y sin profundizar en los temas. Estos días he podido leer columnas y escuchar comentarios sobre el debate, como si lo realizaran eminentes profesores de ciencia política u objetivos informadores del acontecimiento, quienes se asombran de su escaso nivel. Y esto lo decimos en un país como el nuestro, donde los frecuentes debates sostenidos en los  últimos años han sido una continuada sarta de afirmaciones falsas, insultos, descalificaciones, y demagogia.

    Escuché el debate en su integridad. Y la conclusión que saqué fue que, pese a  las evidentes afirmaciones y actuaciones de un presidente tan estrafalario como Trump, a cuyos modos estamos acostumbrados, su contrincante  demócrata Joe BIden, esta KO, políticamente acabado, como resultado de este primer encuentro. Y me explico. Desde un principio Trump utilizó una táctica agresiva, con mensajes apasionados de lucha, de triunfos, muchos de ellos seguramente trucados o sesgados, pero que dejan un reguero de logros conseguidos en parte de la audiencia. Frente a él, Biden mostró un aspecto de persona envejecida, débil, tartamudeante, en muchas ocasiones confuso, con llamadas a la solidaridad y a la unidad de los americanos.

    Trump, que mantuvo todo el tiempo un gesto de irritación, interrumpió repetidamente a su contrincante a quien  descalificaba por no haber hecho nada en su larga trayectoria política, y Biden, con una constante sonrisa forzada, no tuvo ni la cintura para zafarse de sus acusaciones, ni la potencia dialéctica para desarmarle o responder con fuerza a sus provocaciones. Incapaz de mostrar si Trump había falseado sus declaraciones fiscales, de defender la fiabilidad del voto por correo frente a las insinuaciones del Presidente, de acusar a su contrincante de nombrar, en periodo electoral  a un miembro Tribunal del Supremo, de hacer la menor referencia de atracción hacia el voto hispano criticando las medidas restrictivas inmigratorias de Trump, sin ninguna aportación seria sobre datos económicos, el señor Biden perdió una gran ocasión para mostrar que es talgo más que un oscuro candidato de un partido demócrata casi inane para derrocar al un presidente como Trump, que utiliza cualquier medio para destrozar a quien se enfrenta a él. Y lo mejor que se puede decir es que, un Biden, torpe y dubitativo clamaba por la unidad nacional mientras Trump  lanzaba mensajes de lucha y de triunfo.
     
    Al final, Biden, en sus minutos finales, nos hablo del cambio climático, como responsable de los incendios de California y las inundaciones del Misisipi o los huracanes tropicales. A ello, Trump respondía con una pregunta sencillo: cuánto dinero le costaría al ciudadano alcanzar ese logro. Tan solo en una ocasión, Biden mostró que había algo más que hielo en sus venas, cuando Trump, con evidente provocación, afirmó que el hijo del candidato demócrata había sido expulsado del Ejercito, pero ni siquiera una acusación de tal porte fue suficiente y Biden se indignó –muy suavemente, por cierto– por vez primera, afirmando que su hijo era un auténtico héroe.  Pero Biden  cayó en el mayor error que puede cometer un candidato frente a un agresivo contrincante. Procurando mantener la sonrisa, y siempre educado, no aprovechó la templanza para dar sensación de firmeza o seguridad, ni supo responder con decisión y autoridad a las afirmaciones de un personaje que las emplea como armas arrojadizas. 
     
    Veremos que pasa en los siguientes encuentros, pero veo difícil que cambie el sesgo, porque se sabe ya de antemano, cómo son cada uno de los señores candidatos. La furia frente a la buena educación. Y así no se ganan las elecciones en USA.

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