Opinión


08/05/20

Javier Domenech

  1. Con el sudor de tu frente

    El trabajo es tan malo 
    que hasta pagan por hacerlo
    Anónimo
     
    Ahora que tanto hablamos de solidaridad, pasamos por alto lo que está ocurriendo en una parte importante del campo español. En estos momentos , tan solo unas 6.000 personas han iniciado la tarea de recogida de cosechas , que habitualmente se necesita una mano de obra diez veces superior: los casi 80.000 temporeros de Marruecos y países del Este que este año no podrán acudir. Si la labor no se realiza en las próximas semanas, miles de toneladas de frutas y hortalizas, una parte importante de la cosecha del campo español, acabará pudriéndose. No solo hay que recoger espárragos, cebollas, ajos, fresas, cerezas o melocotones, sino que el campo requiere también la poda de los olivares, la  extirpación de las malas hierbas y las tareas de plantación de esta época como tomates, pimientos, lechugas, a las que pronto seguirán la recogida del cereal y la vendimia.
     
    Pero no va a ser fácil realizar todas estas labores porque, sencillamente no hay mano de obra disponible para recoger cosechas en un país,  que con la mayoría de la población urbanizada ha perdido los hábitos agrarios  y donde los subsidios por desempleo, bien sea por el PER o por el cobro del paro, alcanzan a millones de personas en los pueblos. Para muchos es mejor seguir cobrando por no hacer nada antes que acudir a realizar el trabajo del campo y se  prefiere el confinamiento subvencionado viendo la televisión que cortar fruta y cargar cestos o abrir surcos de sol a sol.
     
    De esta forma, además de contribuir con nuestros impuestos a su holganza, vamos a ser recompensados  con escasez de productos agrarios y un notable encarecimiento de su precio, sencillamente porque muchos, mantenidos en el desempleo  se niegan a trabajar. 
     
    Las consecuencias inmediatas serán gravísimas  pérdidas para los agricultores, que irá seguida de una subida de previos para el consumidor por la escasez de estos productos cuando lleguen al mercado. Es decir, que además de los daños económicos hasta ahora causados en España por  la parálisis de la actividad económica, podemos irnos preparando para sufrir una escalada de precios alimenticios en los próximos meses.
     
    Si los médicos, los policías, los trasportistas o los empleados de los supermercados se negases a trabajar por el riesgo de infectarse, seguro que se tomarían medidas para obligarles a realizar sus labores esenciales. Pues lo mismo habría que esperar ante la situación de brazos caídos que ha surgido en el mundo agrario. O quienes en los pueblos están recibiendo el dinero del desempleo se ponen a trabajar en la recogida de cosecha o sus subsidios debieran anularse.
     
    El pan se gana con el sudor de la frente, no con la vagancia subvencionada. Un viejo agricultor decía que hay que trabajar para combatir las necesidades, el aburrimiento e incluso el vicio. Y ahora, se trata de luchar contra quienes pretenden vivir sin dar golpe a costa de los demás.

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