Opinión


23/09/17

Claudio Acebo

  1. Qué hacer

    Es irresistible no hablar del 1-O a tan solo diez días de la fecha marcada para justificar los despropósitos de varias legislaturas del gobierno catalán. Historia de una muerte anunciada hace bastantes años teniendo en cuenta la manera de ‘dejar pasar’ un tema que se ha convertido con el paso del tiempo en un problema. Los gobiernos centrales han estado muy pasotas y demasiado interesados en conseguir sus mayorías políticas gracias a los votos de partidos catalanes dejando a un lado lo que se venía encima. Menudos aliados han tenido durante tantas legislaturas… Ahora se tiran de los pelos sin saber qué hacer para que todos, una vez más, queden contentos. Está demostrado que desde nuestra Constitución hasta nuestro Código Penal hay leyes más que suficientes para haber podido acabar desde el inicio con esta sedición, revuelta, golpe de estado o lo que quieran decir sobre esta penosa imagen que estamos dando al mundo. Vamos a ver cómo acaba todo esto; no tiene buena pinta. El fuego no está sofocado porque hay rescoldos por todos los lados. Pase lo que pase, decidan lo que decidan, el problema continuará porque los políticos no son capaces de ponerse de acuerdo aplicando nuestras propias leyes. “Hay que andar con pies de plomo”, insisten desde Madrid. Los amantes de las algaradas y del cuerpo a cuerpo provocarán hasta conseguirlo un pulso con las fuerzas de seguridad del estado. Y ahí es donde nadie quiere llegar y se hace todo lo posible para evitarlo. Sí, hablo de que una desgracia en este entramado puede ser fatal, complicando aún más una salida que con el paso del tiempo tendrá un único camino por mucho que nos duela: la reivindicación permanente de su independencia. Se me antoja demasiado tarde para los tiempos que corren, una idea común de Cataluña con el resto de España. Se ha dejado ‘demasiado hacer’ a los gobernantes catalanes por aquello de los miedos y del qué dirán. Es fácil aplicar una frase sencilla y que en esta España de contradicciones nadie valora y mucho menos pone en práctica: si me engañas una vez, la culpa es tuya, si me engañas dos, la culpa es mía, pero los políticos hacen oídos sordos. Así de claro y contundente es para algunos, menos para los que tienen que aplicar y soportar la ley. Muchos años haciendo muy mal las cosas con demasiadas faltas de respeto provocando permanentemente la insurrección. Tenemos un problema, serio, muy serio y de consecuencias nefastas para el futuro de España. De no aplicar la ley –que para eso está– el efecto dominó puede ser el siguiente quebradero de cabeza para el estado español; uno de los más antiguos de Europa.