domingo, 05 de septiembre de 2010
TOROS

El presidente Juan Manuel Yubero se erige en protagonista

El presidente Juan Manuel  Yubero se erige en protagonista
Cayetano

[25-07-2010] 

Santander, 25 de julio.Feria de Santiago. Lleno. Toros de El Tajo y La Reina (2º y 6º), desiguales de presencia, algunos excesivamente terciados, mansos, exigentes y con movilidad desclasada en conjunto. Morante de la Puebla, silencio y ovación. Francisco Marco, oreja y saludos. Cayetano, dos orejas protestadas que no paseó y silencio.

No rompió en brava la corrida de Joselito en Santander. Al contrario, predominó la huida y la casta correosa. Exigente y amargo el encierro, no encontró resistencia en una terna superada. De entre todo, que no hubo mucho, prevaleció la incomprendida y breve torería de Morante sobre el regalo del palco a Cayetano, que el torero no aceptó, y de la oreja simpática de Francisco Marco.

La corrida le iba a pasar de largo a Morante. El castaño cuarto de La Reina tampoco se dejó torear de principio y Morante y su capote quedaban inéditos. El toro, con pies, se movía informal. Huyendo también, pero listo. Cabroncete. Con todo perdido, el sevillano se lo sacó para fuera y lo domó sin calzarse ningún mono de trabajo. De etiqueta el toreo, distinguido. Cortito, medido. Una fugaz hipnosis al toro, que pronto despertó y buscó tablas. Diez o doce muletazos. En tarde tan destemplada, fue suficiente con sólo catarlo. Se intuyó el toreo. Y la faena. Pero no quedaba toro. Sólo quedaba matarlo por arriba. Lo que hizo Morante.


El primero fue un toro muy correcto en todo, hechuras y pitones. No le cogió el punto Morante en el saludo a la verónica, despistado y algo bruto el toro. Flojeó sin tardar mucho. El animal era incómodo y deslucido pero el de la Puebla lo fue encajando con soltura a derechas, sin mucha gana, frustrado. Cortó pronto la faena y se dobló como gusta Morante. Como en tantos sitios, Santander no aceptó la brevedad. Bronca rabiosa y después, a toro arrastrado, silencio para el torero.

Marco quiso pescar a río revuelto y saludó de rodillas al segundo, otro toro proporcionado y muy normal de El Tajo. Empujó el animal con la cara arriba en el caballo y luego se defendió en el quite del torero navarro, reaparecido e impetuoso tras el accidente de la oreja en Pamplona.

Se reposó el torero muleta en mano en otra de sus plazas, tantas como patrias tiene, y el toro fue rompiendo a bueno. Le dio sitio y el de Joselito respondió con raza y transmisión. Marco, conforme el toro se mostraba, se fue espesando. Su gente demostró fidelidad y le pidió la oreja tras una estocada efectiva y bien vendida.

Al quinto lo saludó Marco sin susto a portagayola. Otro toro con pies y a la fuga. En la muleta, el toro quiso regatear al navarro, que se defendió en el alambre. Con temperamento el animal y sin papeles el torero sobre la diestra. A la deriva la faena. Con la zurda fue menos revoltoso el de El Tajo y Marco cogió aire. Pero ni por uno ni por otro encontró toro, ni se encontró al torero.

El tercero, sin cuajo y más abierto de cuerna, que no ofensivo, salió a su aire. Cayetano, por contra, salió enchufado. Acompañó con gracia los vaivenes del toro en un saludo jaleado y el posterior Quite de Ronda salió eléctrico. A mil el torero. Cayetano comenzó de rodillas en tablas y los olés, que se distinguieron femeninos, atronaron.

El manso, una vez sujeto, repitió a velocidad de crucero en la muleta de un Cayetano, que optó por dar sitio tras verse achuchado en corto. A la distancia, acompañó las huidas del toro componiendo por fuera hasta que la rajada del animal fue inevitable. Entonces, siguió pegando pases en tablas, obcecado entre serie y serie por sacar de allí al toro, que se iba en cuanto le daban salida. Faena improvisada, sin guión ni estructura. Más corazón que cabeza. Y dos orejas de lo primero o de ausencia de lo segundo.

Cayetano brindó al público el anovillado y finísimo sexto de La Reina. El toro exigió y se movió también. Díscolo. Cayetano no pudo. Ni quiso demasiado. Ni la estocada arriba endulzó la amarga sensación de impotencia. Con la derrota reciente, y con el obsequio presidencial también fresco, no permitió que lo cogieran en hombros.


 

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