Opinión


17/07/23

Juan Azcuénaga

  1. Revisando la historia: Hace 111 años se inauguraba la Plaza de Toros de Castro Urdiales: 21 de julio de 1912

    Consultaba una publicación sobre el centenario de la plaza de toros de Castro Urdiales (libro de 64 páginas con interesante aportación gráfica), que apenas aporta información sobre lo que indagábamos, cuando sorprendidos leíamos en las páginas 10 y 37 la inauguración el día 21 de junio de 1912, contradiciendo dos informaciones gráficas en páginas 39 (tarjeta postal) y 51 (recorte de prensa del 75 aniversario), ambas señalando la fecha del 21 de julio de 1912, indirectamente corroborada en la página 9: «El 30 de junio de 1912 (a escasas tres semanas de producirse la inauguración) se concede una suscripción de cinco mil pesetas a favor de la Sociedad encargada de la construcción de la plaza de toros de esta ciudad.» Estas inconsistencias destacan la importancia de la precisión de datos y referencias que, en este caso, reducen el mérito del trabajo. Tal es así que el error se transcribió, al menos, en el Anuario 2012 de la Federación Taurina de Valladolid y en un artículo de El Diario Montañés dedicado al centenario.

    El libro cita antecedentes de festejos taurinos en Castro Urdiales, incluida la existencia de ruinas de la plaza de Ternedo. Aquí aportaremos noticias sobre las ideas esbozadas hasta  conseguir inaugurar la actual plaza de toros ese día 21 de julio de 1912.

    Al extremo poniente de la Alameda de la Barrera habían levantado un teatro, que sería inaugurado el 29 de junio de 1861, añadiéndose que se había «construido una plaza de toros, que se inaugurará al mismo tiempo que el teatro», información que no podemos confirmar. Dos lidiadores resultaron heridos, en una función taurina, en abril de 1876.

    Una plaza de toros de madera, construida en 1878 «con carácter bastante sólido y permanente» en terrenos de la actual calle Jardines, acabaría sus días «como almacén de útiles de la empresa del tranvía de Dícido».

    Las fiestas de San Antolín, el 2 de septiembre de 1887, en Otañes, incluían una becerrada. El día de San Pelayo de 1888 tenía lugar una novillada en la plaza del Ayuntamiento. En 1889 se decía que «adelanta mucho el proyecto de construccion de una plaza de toros». El programa de fiestas de San Pelayo y San Pedro, en 1893, contenía «corridas de toros». Juan Bomán, bilbaíno, toreaba el día de San Pedro de 1895.

    El 21 de septiembre de 1895 aprobaba el Ayuntamiento de Castro Urdiales el proyecto de una plaza de toros capaz para 7.000 personas, que se financiaría con acciones; el consistorio otorgaría una sola concesión, a cambio de que la empresa se obligara a entregar cierto número de entradas para repartir gratis entre la gente pobre. La plaza sería igual a la de Bilbao. Ocuparía la presidencia, el día de la inauguración, el diputado Manuel de Eguilior y Llaguno. Estaba previsto edificarla entre el río Brazomar y el segundo bocal, tendría 55 metros de diámetro exterior y el anillo interior, o circo, sería de 42 metros de diámetro con un foso de 1,80 m. Constaría de 64 palcos de 2 m de saliente por 3 de ancho cada uno, capaces para 18 ó 20 personas. La futura plaza tendría cabida para 6.500 personas y las acciones serían de 50 pesetas. Se preveía inaugurarla el 26 de junio siguiente (1896) con seis toros estoqueados por Rafael Guerra, Guerrita, quien habiendo elegido el emplazamiento del edificio torearía gratis con toda su cuadrilla. Había «dinero sobrado», pues ya estaban comprometidas acciones que cubrían el presupuesto, colaborando Ambrosio Baquiola Baquiola, primer teniente de alcalde.

    Se proyectaba subastar las obras a principios de noviembre, convocándose reunión de accionistas para nombrar Consejo de Administración (se constituyó el día 3 de dicho mes). El maestro de obras de Bilbao Daniel Escondrillas y Abasolo había realizado los planos. Ambrosio Baquiola era considera iniciador de la Plaza de Toros, asegurándose que estaba contratado Rafael Guerra, Guerrita, quien lidiaría toros de Hijos de Victorio (antes Salas).

    El último trámite conocido es la solicitud de concesión para desecar y aprovechar 18.400 metros cuadrados, con destino a una plaza de toros, en el sitio de Brazomar, lindando al N. y E. con ferrocarril de las Obras del Puerto y a la playa, por el S. con la ría de Brazomar y por el O. con huerta de los herederos de Galo Garma. Presentada ante la Jefatura de Obras Públicas de la provincia de Santander, era publicada en enero de 1896.

    Resurgiría la idea en septiembre de 1899 con el proyecto de construir con piedra una plaza de toros capaz para 8.000 personas con disposición de aumentar otra planta para palcos. La información indicaba que «aunque el espectáculo sea bárbaro, es nacional y hay que aceptarlo como indispensable para los negocios de los pueblos». Valoraba que «Pueblo que tiene ferrocarril como cabeza de línea, playa cómoda y segura, y plaza de toros, porvenir seguro». Programaban celebrar «una buena corrida» al día siguiente de San Pelayo (para respetar la romería) y la segunda el día de San Pedro. Eladio Laredo tenía terminado, en enero de 1900, el proyecto de Plaza de Toros para Castro Urdiales.

    En la plaza de Alfonso XII (frente a la Casa-Ayuntamiento) se celebraban, en las fiestas de San Pelayo y San Pedro de 1901, «dos corridas de novillos á estilo del país», asegurándose que «un capitalista de Madrid edificará en Castro una plaza de toros para las fiestas del verano venidero».

    Dos jóvenes, Pepe Vital y Ricardo Babarro, compraban en Bayona una plaza de toros portátil que sería transportada a Castro Urdiales en la primera quincena de julio de 1903, inaugurándola con una novillada. Planeaban trasladarla a Santoña y Laredo durante sus fiestas, si resultaba conveniente a sus intereses. José Estrañi dedicaría una de sus Pacotillas a esta compra. Desconocemos más detalles.

    Durante las fiestas de 1904 se lidiaron siete becerros, cuatro de ellos de la ganadería de M. Quintana, de Pancorbo (Burgos) en tres corridas: 26, 27 y 29 de junio. Actuó de matador el bilbaíno José Muñagorri, acompañado de tres banderilleros también de Bilbao; estuvo valiente, regular con el estoque y bien con las banderillas. Desconocemos el día en que ocurrió la anécdota más llamativa sucedida al soltar un tercer novillo, embolado, para los aficionados, pues al sentir una banderilla, saltó por un hueco de la plaza y anduvo recorriendo las calles de la villa «al trote borriquero», durante quince minutos, ocasionando sustos y carreras. Afortunadamente, no hubo que lamentar desgracias personales.

    El programa de las fiestas de San Pelayo, en 1907, incluyó una corrida de novillos de muerte.

    La Taurina Iguñesa adquiría en 1909 una plaza portátil de madera, capaz para 3.000 espectadores, presupuestada en 16.000 pesetas, con la que pensaban dar corridas en Torrelavega, Astillero Castro, Laredo, Reinosa y Llanes. En noviembre de 1910 informaban que «Dentro de pocos días se subastará la construcción de una plaza de toros en Castro Urdiales», con la intención de inaugurarla en junio siguiente para las fiestas de San Pelayo y San Pedro.

    Timoteo Ibarra dimitía como alcalde de Castro Urdiales en enero de 1911, señalándose entre sus logros que «dejó preparada la cimentación de una bonita plaza de toros, que hoy continúa en avance». Llegamos a 1912 anunciándose en enero la inauguración de «la nueva plaza de toros, el día de San Pelayo, con una buena novillada». En abril calculaban su terminación para dar «magníficas corridas en los días de San Pelayo y San Pedro, 26 y 29 de junio», añadiendo que no podría llamarse «Plaza grande por su capacidad, puesto que sólo tendrá de 6 á 7.000 asientos en total, podrá llamarse gran Plaza por su estructura, pues en su mayoría es de cemento armado, de sólida y elegante construcción»

    A principios de julio comunicaban su terminación, fijando la inauguración y el cartel para el día 21. Luis Sazatornil la atribuye a Eladio Laredo (1908-1910 / 1911).

    La corrida inaugural celebrada el citado 21 de julio de 1912, domingo, con la lidia de seis toros de Máximo Hernández, de Colmenar Viejo (Madrid), por los diestros Serafín Vigiola Torquitoy Zacarías Lecumberri, actuando de sobresaliente Domingo Uriarte Rebonzanito. Hubo tren especial y vapores desde Bilbao. Presidió la corrida el alcalde, Fernando España y en el palco presidencial estuvieron Alberto Larrondo, gobernador civil de la provincia; Ángel Lloreda Mazo, alcalde de Santander; y los diputados provinciales Avelino Zorrilla y Manuel Díaz Martínez. El ganado manso y difícil. Se mataron ocho caballos. Los diestros aplaudidos por su valentía. La presidencia recibió algunos abucheos, especialmente cuando antes de arrastrar un toro, mandó saliera el siguiente. El Cantábrico otorga una oreja a Lecumberri en el sexto por un volapié superior. Anotar el fallecimiento del dueño del Café de la Marina, Manuel Gil, quien al llegar a la plaza murió repentinamente.

    El cincuentenario se celebró justamente el 21 de julio de 1962. Una novillada con reses de Villagodio Hermanos para el colombiano Oscar Cruz (vueltas al ruedo), Manuel Benítez El Cordobés (dos orejas y vuelta al ruedo y una oreja) y Julio Molina Algabeño (palmas y una oreja). Buena entrada, sin llegar al lleno. No hubo tercio de banderillas en el primer novillo por no haberlas en la plaza; solucionándose el problema para el resto de la novillada. En la segunda parte Oscar Cruz y Manuel Benítez intercambiaron el turno por marchar El Cordobés a Valencia. Un artículo recordatorio de la efeméride afirmaba que Manuel Urquijo Loizaga, sobrestante municipal y director de la Escuela de Artes y Oficios de Castro Urdiales, era «autor del proyecto y director de las obras de construcción del inmueble taurino», no mencionándose a Eladio Laredo.

    Los 75 años de la inauguración se recordaban el 2 de agosto de 1987 con una corrida de toros, en la que los diestros Dámaso González (oreja y oreja), Emilio Oliva (dos orejas y rabo y vuelta) y José Miguel Arroyo, Joselito (vuelta y dos orejas), lidiaron reses de Andrés Ramos, de Fuenteguinaldo (Salamanca).

    Únicamente se recordó el centenario con la publicación mencionada, sin que hubiera festejo taurino.

    Dos fallecidos por cogida se documentan en esta plaza de toros: la del novel becerrista bilbaíno de 20 años, de la cuadrilla bufa Los chicos de la Ricarda, Anselmo Manchado, cogido el 12 de agosto de 1934, fallecido en el Hospital de Basurto el día 17 (Uno al sesgo lo cita como Aureliano, otras referencias lo apellidan Machado o Marchadar); y el mulillero Avelino Estévez Campillo, cogido el 29 de junio de 1971 y fallecido en Bilbao el 4 de julio siguiente.