Opinión


19/08/26

Juan Azcuénaga

  1. Toros en Santander en los siglos XV a XVII

    Quizás la primera persona que intentó escribir la historia de la tauromaquia en nuestra región fuera Roberto Basáñez, quien ya en 1915 nos recordaba el voto de San Matías. Lamentablemente, falleció joven cuando parece que preparaba un libro sobre el tema de los toros en La Montaña. Los festejos de 1707 y 1789 habían sido narrados en detalle por Enrique de Leguina, en 1875, en su libro Recuerdos de Cantabria, en el que dedicaba un capítulo a Noticia de algunas fiestas públicas celebradas en Santander. José Antonio del Río y Sainz, desde 1882, en sus conocidas Efemérides incluía algunas noticias taurinas (4 de agosto de 1859, inauguración de la plaza de toros de Molnedo; en esta efeméride, en 1883, y en el libro publicado en 1891 incluirá referencias a los espectáculos taurinos de 1789 y a las corridas de El Chiclanero en 1846). Hay que señalar también a José del Río Sainz, que hizo popular su seudónimo de Pick, quien, en 1928, también divulgaba noticias taurinas a partir de 1789. Estas noticias de toros referidas al año 1789 estaban tomadas de un manuscrito de Pedro García Diego. Algo más tarde, encontramos el artículo Toros en Santander, que escribiera José María de Cossío en 1930. Otra breve historia taurina publicó Rómulo Horcajada en la revista El Ruedo, con el título Los toros en el Norte. Evocación taurina de Santander. El canónigo archivero-bibliotecario de la Catedral de Santander y capellán del Círculo Taurino Montañés licdo. Agustín Vaquero publicaría en Altamira, en 1964, un artículo sobre La Iglesia Colegial de San Medel y San Celedón y las corridas de toros de la Villa de Santander. Poco después, José Simón Cabarga dedicaría el capítulo XIII de su libro Santander. Biografía de una ciudad al tema de Los toros (1966). El Dr. Benito Madariaga de la Campa, siendo cronista oficial de la ciudad, nos presenta algunas noticias en Brindis en un aniversario (1990), además de las proporcionadas, por ejemplo, en Cara y máscara de José Gutiérrez Solana (escrito con la colaboración de su esposa Celia Valbuena) sobre las señoritas toreras, o en el titulado El Lechuga y su cuadrilla. La historia de la Plaza de Cuatro Caminos comenzó a escribirla Felipe Fragua Pando (primeros cincuenta años), continuada por Pablo Morillas Ruiz de Villa y Juan Antonio Sandoval Diéguez que han completado hasta el año 2004. Sin embargo, tenemos que hacer mención a contribuciones, que, sin tener como objetivo la tauromaquia, han realizado destacadas aportaciones desde el ámbito universitario; me refiero a Jesús Ángel Solórzano Telechea, quien, en 1995, publicó Colección Diplomática del Archivo Municipal de Santander (1295-1504), en el que realiza la transcripción de los documentos y donde podemos encontrar algunas referencias al desarrollo de festejos taurinos en Santander; o el publicado en 1998 por Rosa María Blasco Martínez sobre Los libros de acuerdos municipales de Santander, siglo XVI o, en 2002, en colaboración con Jesús Maiso González y Virginia M. Cuñat Císcar sobre Los libros de acuerdos municipales de Santander, siglo XVII o los editados en los años 2005, 2006 y 2010 sobre esos libros referidos a períodos del siglo XVIII, y en los que también se recogen menciones de espectáculos de toros en la ciudad. Recientemente hemos visto atribuirse el descubrimiento de un evento taurino que, sin embargo, estaba ya publicado en 1995.

    Siglo XV

    De momento, mientras no aparezca, o encontremos, un documento con mayor antigüedad, la Cuenta de los pagos y gastos del concejo de Santander efectuados por Pedro Sánchez de Hinojedo a Pedro Sánchez Claro, fieles de la villa, durante el año de 1476, publicada por Jesús Ángel Solórzano Telechea en 1995, documento número 133 de su Colección nos proporciona las referencias más antiguas; se trata de un documento que refleja 56 pagos/gastos, en los que tres de ellos mencionan el correr los toros: el 24, el 54 y el 55. En el mismo año, tenemos un documento coetáneo, el número 135, Los gastos que pagaron Pedro Sánchez de Hinojedo y Pedro Sánchez Claro para la Armada, y entre sus 88 pagos/gastos encontramos otras dos menciones de pagos/gastos, son las referencias 32 y 35. Este autor, en el libro mencionado, también incluye en el documento 246 el voto de San Matías, al que nos referiremos más adelante.

    Documento 133:

    [24] Más que disteis para la costa que fiso esta villa en correr / los toros e barreras e en vino e finta con los / buenos de esta villa en las alegrías de los dichos / vençimientos, quinyentos maravedís: D [500]

    [54] Más que disteis para la costa que fiso el conçejo ante el corre- / gidor con otros buenos al correr de los tor[os] quinientos maravedís: D [500]

    [55] Más que disteis a la muger de Gonçalo Gomes de Ysla por el tra- / bajo de faser las barreras el dya de San Juan, noventa maravedís: XC [90]

        Como vemos, este último punto nos precisa una fecha en que se efectuaba el correr los toros en este año 1476: el día de San Juan.

    Documento 135:

    En otro documento, que contiene, como decíamos, Los gastos que pagaron Pedro Sánchez de Hinojedo y Pedro Sánchez Claro [el mozo] para la Armada, encontramos otras citas:

    [32] Más que dieron a los carnyçeros por correr los toros este / anno los días de San Juan e Santa María de Agosto, dosientos.: CC [200].

    [35] Más que dieron para la costa que el conçejo fiso en el día / de Santa María de Agosto al correr de los toros, quinientos: D [500].

    Entre ambos documentos citados, el 133 y el 135, podemos concluir que la entonces villa de Santander celebraba el correr los toros, tradicionalmente, el día de San Juan (24 de junio) y el día de la Virgen de Agosto (15 de referido mes), como comprobamos por los textos citados de 1476.

    En esta obra que estamos utilizando, Colección Diplomática del Archivo Municipal de Santander (1295-1504), encontramos un documento que referencia el voto de San Matías, es el documento 246, de 12 de noviembre de 1503, que trataremos a continuación.

    Siglo XVI

    El documento conservado en el Archivo Municipal de Santander, que acabamos de mencionar, recoge el acuerdo y voluntad de las gentes que moraban en la villa de Santander de guardar para siempre jamás el voto a San Matías, como abogado contra la peste que en aquellas fechas asolaba la población. El documento se titula Voto y capitulaciones que la villa de Santander y el cabildo de la Iglesia de los Cuerpos Santos hicieron a honra del apóstol San Matías con motivo de la peste que asolaba la villa, en cuyo punto segundo se refieren asÍ a las fiestas de toros que han de celebrarse en esa fecha:

    [2] Yten, que se guarde y honre en la dicha villa e su / juridiçión el día del dicho apóstol como día de Pascua / y si cayere en tiempo, que se coma carne que ese día se corran / dos toros a barreras como día de San Juan de junio, y si cayase en qua- resma / que a honra del dicho apóstol se corran los dichos dos toros / el domingo pos- trero de carnal, e que los señores del / regimiento puedan gastar de los propios de la / villa dosçientos maravedís en en colación.

    Se recuerda al establecer el Voto que habían de correrse toros como se venía haciendo el día de San Juan, como probaban las cuentas de 1476, por lo que podemos considerar que, durante todos estos años, de los que carecemos de referencias, se habían venido corriendo toros, al menos, en la señalada fecha de San Juan, pues habíamos constatado que entonces también se corrían el día 15 de agosto, festividad de la Virgen, fecha que en este documento de 1503 no se menciona.

    Hay que tener en cuenta que, entonces, la festividad de San Matías tenía lugar el día 24 de febrero, al día siguiente, 25, los años bisiestos. La consideración festiva de San Matías fue suprimida por un breve del Papa Pío VI, en 20 de diciembre de 1791, en el que decretaba la reducción y supresión de días festivos en España, sus territorios en América y Filipinas, y que refrendaba el rey Carlos IV. Pasó entonces a ser considerada una de las "fiestas suprimidas". La reforma del calendario litúrgico de 1969, la trasladó al 14 de mayo. ¿Pudo ser esa consideración de "fiesta suprimida" la que acabó con el correr de los toros el día de San Matias?

    Agustín Vaquero consideraba que esta corrida del voto de San Matías se celebró sin interrupción hasta 1783, mientras José Simón Cabarga opinaba que se había mantenido hasta 1794.

    Lamentablemente sólo se conservan parte de los libros de acuerdos municipales de la villa de Santander durante el siglo XVI, corresponden a los años 1528 a 1539, 1569 a 1577 y desde 1594 en adelante, por lo que es posible que hubiera citas que no podemos conocer.

    La venida a España del futuro rey Carlos I, por primera vez, le trajo a San Vicente de la Barquera en septiembre de 1517. Vivía su madre, la reina Juana I de Castilla, retirada en Tordesillas. Desconocemos la fecha del festejo taurino en su honor, aunque sabemos que permaneció en la villa desde el 29 de Septiembre al 11 de Octubre. Se le ofreció la suerte de mancornear que se practicaba en tierras de Castilla y castellano fue su ejecutor.

    Refiere Agustín Vaquero que, en 1536, «consta que el Cabildo arrienda ad vitam unas casas a don Juan de Escalante» poniendo como «condición de que los dias que se corran toros puedan entrar en esas casas libremente los señores del Cabildo a ver desde alli los toros».    

    Un acuerdo de 1561, que se conserva en el Archivo Municipal de Castro Urdiales, señala que los toros corridos, inservibles para otros festejos, se mataran y vendieran en las carnicerías de la villa. Decía así el referido acuerdo:«Yten quel dia de Corpus Christi de San Juan de junio de los dichos dos años, en cada uno de los dicho [sic] dos días, daremos en esta villa un toro estremero o toro que no sea capado para correr en los regocija [sic] las dichas fiestas. Con tanto que los dichos toros no se podrán garrochar, ni tirar pedradas, ni dar cuchillada alguna y en tal caso inquedando el dicho toro para se poder aprovechar a echar a la sierra se aya de vender e matar en las carniçerias de esta villa e si alguna persona particular le hiriere o matare sea obligado a se le pagar los dichos señores Justiçia e Regimiento desde dicha villa e no se hagan pagar».

    Un documento, el referenciado con el número 1.161 por Rosa María Blasco Martínez, de fecha del miércoles, 13 de mayo de 1598, nos habla del juego de la sortija, que tenía lugar el día de San Matías y de tener tres toros «como es costumbre». Dice así: «3. Para el martes siguiente a la fiesta de San Matías —día en el que se hace el juego de sortija—, el obligado tenga tres toros como es costumbre».

    Las informaciones del año 1599 nos proporcionan varias noticias sobre nuestro tema. Así vemos que en el documento 1.213, del viernes 19 de febrero, «Acuerdan que se pongan las barreras para los toros de San Matías».
     
    Más adelante, el documento 1.256, de fecha 14 de agosto, señala que se ha producido una visita «al corral donde se encerraban los toros», según una declaración de Luis de la Torre y Juan de Ribero, Este corral estaba «bajo las ventanas de D. Fernando de la Riva Herrera, en la plaza de la villa». Asimismo habían realizado su tasación que valoraban en 150 reales, precisando que «el corral no vale más por no poder edificar sobre él». Por este trabajo de tasación debía pagar el citado D. Fernando de la Riva Herrera a los oficiales que la habían realizado, ocho reales.

    Pocos días después, el miércoles, día 18 de agosto, documento 1.257, los miembros de ayuntamiento «Acuerdan que los toros que se habían de correr en la fiesta de San Roque se suspendan hasta que salgan del puerto las galeras que hay a cargo del general Spínola, pues su gente es muy bulliciosa». Constatamos, pues, que estando previsto celebrar, me atrevería a decir que según costumbre, el correr toros con motivo de la festividad de San Roque, decidían suspender el acto ante el temor sin duda de los disturbios que podían ocasionar las tropas del general Federico Spínola, embarcadas en nuestro puerto en siete galeras que marcharían a Flandes, ya que se trataba de gente calificada como «muy bulliciosa».

    Esta preocupación está en consonancia con lo que se decía el día 14 de julio anterior, que «se requiera al Maestre de Campo y General de las Galeras, que dé órdenes a la gente de su cargo de tierra y mar que no salgan fuera de los muros, porque salen a tomar bastimentos que vienen a esta villa, de lo cual se siguen muchos inconvenientes. Y además pueden venir de lugares apestados como lo hacen, por lo cual no es de fruto la guarda que se pone».

    Volviendo a nuestro tema, el taurino, encontramos que a los tradicionales festejos por San Juan y la Virgen de Agosto, se había añadido a comienzos de este siglo los festejos por el voto de San Matías y, no podemos precisar desde cuándo, también los que tenían lugar por el voto de San Roque. Luego, parece que, a finales de este siglo XVI, la villa de Santander celebraba anualmente, al menos, cuatro festejos taurinos.

    Siglo XVII

    La información aportada por los libros de acuerdos municipales de la entonces villa de Santander para este período es abundante, ya que, afortunadamente, se conserva documentación de todos los años, con excepción de los años 1669 a 1675. Esas noticias nos permiten constatar el frecuente desarrollo de actividades taurinas, correr los toros, a lo largo del siglo XVII, con especial incidencia en fechas señaladas.

    Así encontramos en el documento número 116 que al adjudicar la carnicería a Juan Muñoz, el miércoles 5 de junio de 1602, se obligaba, según la costumbre, a dar toros dos días en San Matías, además de los días de San Juan y de San Roque.

    Entre los acuerdos de Ayuntamiento del sábado, día 7 de mayo de 1605, reflejados en el documento 265, está que mandaban pregonar las fiestas que se iban a celebrar el próximo domingo, se sobreentiende que era al día siguiente, día 8, con motivo del nacimiento en Valladolid del príncipe Felipe, futuro rey Felipe IV, que había nacido el día de viernes santo. Las fiestas habían de consistir en danzas, mascaradas, toros, luminarias y fuegos. Para ello mandaban al obligado de la carne que tuviera preparados «los toros mejores que hubiera». Jesús Maiso González opinaba que «Este documento parece dar a entender que una parte, al menos, del ganado del arrendador de la carne debía ser ganadería brava para las corridas de toros». Se notificaba al obligado que el incumplimiento se sancionaba con pena de prisión.

    El ayuntamiento de 24 de febrero de 1607, según el documento número 348,  ordenaba «cumplir el voto de San Matías, por lo que se decide contratar a un predicador, correr los toros y dar la colación, según costumbre». El «dar la colación» era una práctica frecuente en las fiestas para agasajo de los regidores, no sólo en ésta, sino también en otras, como en las festividad de la Virgen del Mar.

    En este mismo año 1607, el día 8 de junio (documento número 372), «Encargan al procurador general que organice toros y danzas para celebrar el voto de San Matías y la fiesta del Corpus, según costumbre».

    Continuamos en el año 1607, en el que un nuevo documento, el 377, detalla los acuerdos llevados a cabo el día 28 de junio y así encontramos que «Acuerdan prevenir a los obligados a dar los toros por San Juan, que este año se correrán el sábado 30 de junio». Vemos, pues, que este año 1607 no hubo toros el día de San Juan, como venía siendo tradicional, pero se constata que se esforzaban en mantener la costumbre.

    Parece que este es el año de los retrasos en cumplir la costumbre, pues, al igual que por San Juan, también por San Roque (16 de agosto), se acuerda tarde, el miércoles, día 22 de dicho mes de agosto de 1607, «fijar el día para correr toros, conforme al voto de la villa a San Roque», pero en el detalle del documento 385 no se recoge la nueva fecha.

    El documento número 423 muestra los acuerdos de ayuntamiento efectuados el día 22 de abril de 1608, en el que «Autorizan que en la fiesta de San Marcos —el próximo viernes— se corran toros». Efectivamente, el día 25 de abril, de referido año 1608, festividad de San Marcos, cayó en viernes. Es importante señalar que en esa misma fecha del día 22 de abril, acordaban con Luis de la Torre, carpintero, que hiciera las barreras para los toros que se corrían los días del voto de la villa, más bien de los votos. Fijaban su salario en 50 reales al año. No se explicaba la razón del festejo en esa fecha.

    Parece que este año 1608 toman decisiones con tardanza, como refleja el documento número 436, al tratarse de los toros de San Juan, si bien tampoco hay explicación, sólo que acuerdan el viernes, día 27 de junio, que darán 16 reales al obligado de las carnicerías «para que aporte dos toros que se corran para regocijo de la villa», no especificándose fecha.

    Algunos días más tarde, en el documento número 440, que presenta los acuerdos del viernes, día 11 de julio de este año 1608, el ayuntamiento decidía «notificar al obligado de la carne que prepare los toros de San Juan para correrlos el próximo domingo por la tarde». Así comprobamos que los toros de San Juan se corrieron el día 13 de julio, o sea con veinte días de retraso.

    El día 31 de agosto de 1608 se corrían toros en la villa, según el documento 446 que anota los acuerdos de ayuntamiento adoptados el miércoles, día 27 de dicho mes. Decidían «notificar al obligado que prepare los toros para el próximo domingo, y a Luis de la Torre que coloque las barreras para dicho día». Al no ser una fecha acostumbrada parece que ésa sería la razón para las notificaciones al obligado de las carnicerías y al carpintero, aunque pudiera tratarse de otro retraso, en esta ocasión de los toros del voto de San Roque.

    En este año 1608 ya han pasado las fechas en que se acostumbraba a correr toros en la villa de Santander, por lo que sorprende que el documento número 449, que expone las decisiones de ayuntamiento de la reunión celebrada el día 6 de septiembre señale el acuerdo de «que se corran los toros en las fiestas de San Matías y San Roque».

    Una preocupación permanente de los regidores de la villa de Santander era asegurar el abastecimiento de carne para la población y, el documento 683, de 28 de junio de 1612, menciona la postura efectuada por Alonso Díez Villa, vecino de Queveda y en nota al pie menciona detalles de la escritura y sus condiciones. Hay que anotar que las posturas tenían carácter anual, y se efectuaban alrededor de San Juan. En este caso, precios de las carnes aparte, los términos señalaban que la villa le facilitaba casa para vivir, pastos libres para su ganado y licencia para introducir vino de fuera; pero también el no suministrar carne a la armada. Había de suministrar carne los martes, miércoles, jueves y sábados y nadie podía competir con él, trayendo carne de fuera de la villa. También se indicaba que «dará toros los días que la villa tiene voto de correrlos: San Juan, San Matías y San Roque».

    La reunión de ayuntamiento del miércoles, 8 de julio de 1615, acordaba, según refiere el documento 795, que Pedro de la Pereda diera cuenta de las carnicerías en el plazo de dos días y que para el sábado tuviera ya cortadores, conforme a las condiciones. Asimismo se precisaba que «También debe dar los toros para el próximo domingo». O sea que se corrieron toros el día 12 de julio, domingo, probablemente los que hubiera correspondido celebrar por San Juan.

    Don Fernando de Acebedo Muñoz, arzobispo de Burgos, natural de Hoznayo, era nombrado presidente del Real Consejo de Castilla, por el rey Felipe III, cuyo nombramiento se expedía el día 14 de febrero del año 1616, tomando posesión al día siguiente. Sin embargo, en nuestra entonces villa, en la reunión de ayuntamiento del viernes, día 12 de febrero (documento 818), ya «Se ha tenido noticia de que don Fernando de Acebedo, arzobispo de Burgos, es Presidente de Castilla». O sea, que se conoció en Santander la noticia antes de que fuera realidad su nombramiento. Esa información dio lugar a que se acordara que «Para manifestar su alegría» los habitantes de la villa disfrutaran de «los toros que se habían de correr el día de San Matías, que cae en Cuaresma, se corran el próximo domingo», además de poner luminarias en las ventanas y limpiar la calle para la procesión que tendría lugar también dicho día domingo, 14 de febrero.

    Constatamos retraso en la celebración de los toros con motivo de San Juan, pues el viernes, día 26 de junio de 1620, en el concejo municipal, anotado como documento 1.009, se acordaba «que el próximo domingo se corran toros en honor de San Juan», o sea que los toros se corrieron el día 28 de junio.

    Da la sensación que el retraso en la celebración de los festejos taurinos no era extraño a las costumbres de la villa, pues nuevamente vemos en el documento 1.013, que contiene los acuerdos del día 3 de septiembre de dicho 1620, jueves, que «Mandan pregonar los toros de San Roque para el próximo domingo». Así, que tendrían lugar el día 6 de septiembre, en lugar del 16 de agosto, día de la festividad de San Roque.

    Notificar al obligado de las carnicerías es el acuerdo adoptado el viernes, día 19 de febrero de 1621, expresado en el documento 1.019 y completado así: «que tenga los toros de San Matías preparados para el próximo domingo». Se anticipan a la festividad, pues el domingo sería 21 de febrero y San Matías es el siguiente día 24, pero prepararlos no significa correrlos y ésto lo pudieron hacer el previsto día de cumplimiento del voto.

    Al año siguiente, el sábado, día 26 de febrero de 1622, se anotaba en el documento 1.961, el recordatorio de la obligación de correr toros para los votos y fiestas, pero no había persona que se encargara de ello, lo que hace suponer que al celebrar, o intentar, el voto de San Matías habían tenido problemas con las barreras. Por ello mandan al carpintero, Francisco Toca, que hiciera las barreras y se encargara «de tenerlas, ponerlas y quitarlas en cada ocasión que se corran toros». Por hacerlas le pagaron 283 reales y por cuidarlas, ponerlas y quitarlas le abonaban un salario anual de 30 reales. En esta fecha, se comprometía a tenerlas terminadas para ocho días antes de San Juan.

    El sábado, 9 de febrero de 1624, se acordaba, según el documento 1.115, «que se cumpla el voto de San Matías y se corran los toros».

    No se señala el motivo, pero el documento 1.439, de 17 de septiembre de 1631, muestra el acuerdo «que el proveedor de las carnicerías facilite los toros a que está obligado para el próximo domingo 5 de octubre». Aunque, como decimos, no se indica la razón de esta fiesta de toros fuera de las fechas acostumbradas, pudiera haber sido para celebrar la victoria de la escuadra combinada hispano-portuguesa, mandada por Antonio de Oquendo, que derrotó a la escuadra holandesa en la batalla de los Abrojos, frente a la costa brasileña, el día 12 de septiembre de este año, aunque la fecha está demasiado próxima. En esta escuadra figuraba el galeón, Nuestra Señora del Buen Suceso, capitana de las Cuatro Villas, de 28 cañones, posiblemente construido en alguno de los astilleros cántabros.

    Hacía nueve años que se había encargado al carpintero Francisco Toca que hiciera las barreras y, como hemos indicado, se le abonaban 30 reales al año por su cuidado e instalación. El día 1 de noviembre de 1631, en el documento 1.446, se acordaba «que se libren 30 reales a Cristóbal de Toca por hacer las barreras para los toros»; sin duda, escaso importe para su confección, pero razonable por su mantenimiento e instalación.

    Continuaba cumpliéndose el voto de San Matías cuando el día 17 de febrero de 1634, en el documento 1.551, el concejo acordaba «que se cumpla el voto de San Matías: el obligado de las carnicerías facilitará los toros y se dará la comida acostumbrada». Se añadía que la comida había quedado derogada en un pleito de acreedores, pero los regidores eran «partidarios de mantenerla por ser costumbre antigua».

    Seguimos observando los retrasos en el cumplimiento de los votos, así encontramos el documento 1.570, que traslada los acuerdos concejiles de la reunión del día 2 de agosto de 1634, y que señalaba la resolución de «notificar a los obligados que para el próximo día 13 den los toros de San Juan y la comida». Notamos, pues, que los toros de San Juan se celebraban, este año 1634, el día 13 de agosto, domingo. Por supuesto, la comida tenía lugar en la misma fecha.

    La victoria del cardenal-infante don Fernando de Austria, hermano de Felipe IV, junto a su primo Fernando III de Habsburgo, rey de Hungría, en la batalla de Nördlingen, en el sur de Alemania, acontecida los días 5 y 6 de septiembre de 1634, en la que las fuerzas católicas hispano-imperiales aplastaron al ejército protestante sueco, dirigido por Gustaf Horn y Bernardo de Sajonia-Weimar, que tuvo unas 14.000 bajas, se trató en sesión municipal, el viernes, día 13 de octubre, según el documento 1.576, en la que se acordó celebrar misa, procesión y descubrir el Santo Cristo. Además, «Se notificará al obligado que los toros que había de dar para San Roque los dé para el próximo domingo». Asimismo se colocarían luminarias y hogueras en toda la villa el sábado, día 14. Con lo que se correrían los toros de la victoria el domingo, día 15 de octubre.

    Fuera de las fechas marcadas por la costumbre, comprobamos en el documento 1.629, que en la sesión de ayuntamiento de 13 de junio de 1635, comparecía Domingo de Herrera, a la sazón mayordomo de la cofradía de San Antonio, quien «solicita licencia para que hoy se puedan correr toros en la plaza de la villa». Se concede la licencia, y este documento nos permite conocer que los toros se corrían en la plaza de la villa.

    Dentro de la práctica de correr los toros resulta una novedad la notificación «a Juan de Peredo, obligado de las carnicerías, que haga se corran todas las vacas y bueyes que se obieren de matar primero que lo haga». ¿Quería ésto decir que habían de correrse las vacas y bueyes antes de matarlos? ¿Dónde, si no había fiesta? En todos los casos se había hablado de toros, nada de vacas y/o bueyes para las festejos. Este acuerdo se tomaba el 3 de agosto de 1635, recogido en el documento citado con el número 1.638.

    Después de celebrado el correr los toros, en 1636, cumpliendo el voto de San Matías, la sesión municipal de 7 de marzo, transcrita en el documento 1.681, acordaba «librar al procurador el montante del gasto generado por la comida de San Matias y la colación de los toros».

    Un inexplicado retraso nos muestra el documento 1.702, que reseña la sesión de ayuntamiento del 1 de octubre de 1636, miércoles, en la que se acordaba «notificar al obligado de las carnicerías que prepare los toros de la fiesta de San Roque para el próximo domingo». Lo que indica que se correrían los toros de San Roque, el día 5 de octubre.

    El ayuntamiento, según se manifiesta en el documento 1.708, que anotaba la reunión de 15 de noviembre de ese año 1636, había recibido cartas en la que informaban «sobre la decisión real de conceder obispado e iglesia catedral a Santander». La ilusión de una población deseosa de contar con obispado y catedral, que en este caso no llegaría a materializarse, hizo que se tomaran acuerdos para celebrarlo «con un Te Deum y pregonar que esta noche se enciendan luminarias en todas las casas; deciden también preparar una corrida de toros», para la que no se indica fecha.

    Un único acuerdo se tomaba en el ayuntamiento del día 25 de junio de 1638, viernes, era el que se anotaba en el documento 1.768 que decía «que el próximo domingo día 27 se corran toros en la plaza de la villa en la forma acostumbrada por la fiesta de San Juan; notificarán al obligado que debe proporcionarlos».

    Estaba finalizando el año 1640 y ocupados en las guerras no se habían corrido toros ni por San Juan ni por San Roque. Por eso, el ayuntamiento en sesión de 24 de diciembre, lunes, según el documento 1.843, acordaba «notificar al obligado de las carnicerías que tenga prevenidos los toros para el próximo día 27». En caso de incumplimiento se penalizaría el incumplimiento con 10 ducados y diez días de cárcel. El día 27 de diciembre era jueves, día infrecuente para correr los toros, según la costumbre.

    Dos acuerdos se tomaban el 1 de marzo de 1645 en relación con los toros, según el traslado anotado en el documento 1.997. Uno afectaba al licenciado Muñoz, presbítero de la iglesia colegial al que se libraban 95 reales, «de los votos de la villa y el propio que tiene sobre el toril», aunque no nos indica su localización. El otro exponía que se libraban «33 reales a Francisco de Toca, encargado de colocar las maderas de las barreras para los toros».

    La fecha en que se celebraba San Matías presentaba el problema de que algunos años coincidía con la cuaresma, como en el año 1649, razón por la que el día 5 de febrero, en la sesión municipal, acordaban, según el documento 2.124, «que los toros se corran el día 14 de febrero, domingo, lo que se notificará al obligado de las carnicerías».

    Al año siguiente, en la reunión de ayuntamiento del día 11 de febrero de 1650, según refiere el documento 2.156, acuerdan «que el día de San Matías se corran toros, conforme al voto y costumbre de la villa».

    Nuevamente hemos de trasladar la información aportada por Agustín Vaquero. Así encontramos que la Cofradía de Nuestra Señora de Consolación «organizaba siempre el día de la fiesta [Nuestra Señora de Agosto] una corrida de toros». A mayor abundamiento añade que en el Inventario de alhajas y enseres «figuran como propiedad de ésta las barreras completas para correr los toros en tal festividad». Aunque no señala fechas concretas, podemos interpretar que ese «siempre» podría ser, quizás, desde 1650, fecha de inicio del libro de la Cofradía, si bien hemos visto que ya en 1476 se corrían toros en esta festividad de la Virgen de Agosto.

    En Santander se encontraba don Sebastián Hurtado de Corcuera, gobernador de las armas de este partido, el día 23 de febrero de 1658, según refleja el documento 2.401, que transcribe el acuerdo de «invitarle para que mañana, día de San Matias, asista a la procesión y corrida de toros».

    Estando próximos a la festividad de San Matias, la reunión municipal de 21 de febrero de 1659, según se transcribía en el documento 2.432, precisaba que «deben prevenirse los toros y los lanzadores».

    El auto de la visita pastoral efectuada por don Antonio Payno, arzobispo de Burgos, el día 1 de noviembre de 1660 a la villa de Santander contiene algunas referencias interesantes respecto a la actividad taurina. En este auto «deja consignada la prohibición de que en la iglesia baja de la Colegial (iglesia del Santísimo Cristo) no metan toros ni novillos por los inconvenientes que puedan resultar además de la irreverencia que se hace a los lugares sagrados». Nos recuerda Agustín Vaquero que por esos toriles la villa de Santander pagaba un censo perpetuo de doscientos maravedíes, reflejados en las Cuentas Capitulares de los años 1619 a 1636. Luego, los toriles, eran propiedad del Cabildo de la Colegiata y no de la villa de Santander.

    Aunque no hemos encontrado referencias de los últimos años de este siglo que hagan mención a festejos taurinos, parece evidente que había tres votos que cumplir todos los años, el de San Matías (24 de febrero), San Juan (24 de junio) y San Roque (16 de agosto), en los cuales se corrían toros en la plaza de la villa. Asimismo es probable que también tuvieran lugar el día de la Virgen de Agosto (el día 15 de citado mes), que venía celebrándose ya en 1476 y que la Cofradía de Nuestra Señora de Consolación celebraba anualmente. Además, se corrían toros en fechas especiales de celebración, como el nombramiento de don Fernando de Acevedo Muñoz, como presidente del Real Consejo de Castilla; o la victoria de las armas españolas en la batalla de Nördlingen; la decisión real de conceder el obispado a Santander; la única celebración de San Marcos; o la asimismo especial autorización concedida a la Cofradía de San Antonio. Era entonces Santander una villa aficionada a los festejos taurinos tal como acostumbraban celebrarse en la época.

    Pero vayamos al espectáculo en sí. El ganado era proporcionado por el carnicero de la villa, el obligado de las carnicerías, en cuyo compromiso estaba el de suministrar toros para los festejos que tenían lugar con motivo de los votos de la villa y otras ocasiones especiales. Por informaciones de los libros de acuerdos municipales, la villa solía buscar carnicero en los pueblos de Santillana, Queveda y Viveda. En tres casos conocemos la procedencia del obligado y en los tres eran de Queveda. En ocasiones, ante las dificultades de encontrar proveedor, pregonaban su búsqueda en Laredo, Cudeyo, Ribamontán, en las cinco Juntas de la Merindad de Tasmiera y llegaban a extenderse a Castro Urdiales y San Vicente de la Barquera. ¿No había ganado en la villa que hacía necesario buscarlo fuera? La villa, por la escasez de pastos en ella y en sus barrios: Cueto, Monte, San Román y [Peña] Castillo, tenía limitada la tenencia de animales, así vemos que en 1652 se acordaba «que nadie pueda tener más de 2 bueyes y 2 becerros, o bien 4 bueyes y 2 becerros trayendo a los becerros con el ganado bravo». En las condiciones del contrato se estipulaba que la villa había de facilitarle casa para vivir, pastos libres donde tener su ganado y licencia para introducir vino foráneo, y no se le permitía suministrar carne a la armada. Para evitar la competencia, pues los precios estaban tasados/acordados en el contrato, no se permitía introducir/vender carne a otras personas.

    Los festejos tenían lugar en la plaza de la villa, en la que se instalaban barreras para protección del público. Estas barreras, también conocidas como talanqueras, estaban a cargo de un carpintero que se obligaba a mantenerlas e instalarlas.

    Hemos encontrado que en bastantes ocasiones el correr los toros se celebraba en domingo o en día festivo (San Matías, por ejemplo, era fiesta). Y ello sucedía también después de que el papa Pío V, en 1567, lo prohibiese, bajo pena de excomunión. De hecho, estableció que «Es pecado mortal correr los toros en fiesta».

    Al efectuarse en cerrado, la fiesta no era un encierro al estilo de los que se corren por las calles, sino más bien una suelta de toros en la plaza para diversión del vecindario. No hemos encontrado ningún indicio de cómo se desarrollaba el espectáculo, aunque podemos suponer que se efectuarían lances y recortes con o sin trapo (a modo de capote), más al estilo de las actuales sueltas de vaquillas populares que al desarrollo de una incipiente lidia organizada, que José María de Cossío señalaría que en nuestra ciudad se iniciaría en el año 1707. Beatriz Badorrey Martín considera que el hecho de correr los toros era un acto social en el que participaba toda la sociedad. Estos festejos populares se diferenciaban de las corridas de la nobleza. En Santander, puede considerarse que una muchedumbre heterogénea y desordenada, o algún valiente o esforzado se enfrentaba al toro, al que parece no se le daba muerte.