Opinión


11/12/25

Enrique Álvarez

  1. Leer en tiempos de Franco

    Me hago eco aquí de una columna publicada en El Diario Montañés por la escritora y periodista Marta San Miguel –“Hoy era el futuro”- en que sostiene que leer en el franquismo no era fácil sino arriesgado, porque la censura dictaminaba qué contenidos eran aptos, o porque hubo ataques violentos a algunas librerías. 

    Nos lo dice o nos lo cuenta, o más bien se lo han contado a ella, porque Marta es muy joven y no vivió el franquismo. Muchos años después de morir Franco, Marta empezó a leer y sin duda leyó mucho, pero cabe pensar que no tuvo la suerte de escuchar a quienes sí vivimos aquella época y amamos los libros desde 1966 aproximadamente.

    Leer durante el franquismo era facilísimo, Marta. Me refiero al franquismo tardío, de los 60 para acá. Claro que había censura o prohibición de publicar ciertas cosas. Y claro que había ataques a librerías, aunque éstos sólo en los años finales, cuando los ultras desesperados veían que el régimen se desmoronaba. ¿Pero acaso eso nos impidió adquirir libros y leerlos? 

    Desde los años 60 España era un hervidero cultural impresionante. Las limitaciones que ponía el régimen sólo hacían que alimentar el ansia de lectura, de música, de cine, de museos. Pero es que, además, el país estaba sano, vital, pujante, y estaba, sobre todo, educado, muy bien educado. Es una verdad indiscutible que el sistema educativo del franquismo tenía un nivel enormemente superior al del régimen presente, en especial en el ámbito de las humanidades. Quizá no estés informada de cómo era el bachillerato en esos años. Por poner dos ejemplos: yo me tuve que leer la Odisea en griego y aprenderme con detalle los elementos de la arquitectura gótica o los mecanismos del régimen feudal. Y otro detalle que te interesará. En 1972, un grupo de jóvenes universitarios leoneses fundamos un grupo literario. ¡Fue noticia de primera plana en el Diario de León! Te lo juro. 

    Pero vamos a lo nuestro, que es la lectura. ¿Cuántas librerías hay hoy en Santander? ¿Cuántas había en 1968? Es un dato fácil. Más del triple en aquel tiempo. ¿Libros prohibidos? Yo vivía entonces en León. Había una librería en el mismo centro de la ciudad, Valderas, que importaba de Argentina y México los más graves de todos, los más vitandos --Sartre, Marx, Arturo Barea, Alberto Moravia, D. H. Lawrence--, y los vendía bajo cuerda, claro, pero los vendía y la autoridad gubernativa hacía la vista gorda. Ningún problema en tenerlos, ninguno en llevarlos por la calle o escribir sobre ellos. Que no te cuenten milongas. Los españoles de la época de Franco leían el cuádruplo que los de la época de Rajoy y la de Sánchez. Leer entonces no era arriesgado. Era natural, estaba mucho más en el ambiente. Era casi una pasión irresistible.

    Y es que, Marta, la libertad política está muy bien, pero el ansia de libertad está mucho mejor. Es más fecunda.

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Los Toros - Claudio Acebo

05/02/26

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